Las Katanas gemelas

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    Chorni
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    Las Katanas gemelas

    Mensaje  Chorni el Vie Mar 27, 2009 1:43 am

    Prologo

    Hace mucho tiempo en un pueblo perdido de Japón, oprimido por un señor de la guerra residía un gran Maestro de Armas. Había estado muchos años en la herrería del Emperador, hasta que decidió dejarlo para volver a la tranquilidad del campo, a su hogar. Cuando llegó y vio en qué se había convertido, decidió crear la mejor espada jamás creada. Como era consciente de que ningún samurai sería capaz de desafiar a todo el ejército del Señor de la guerra decidió crear un ninjato, sólo un especialista del asesinato sería capaz de cumplir su venganza.

    Pasó días y días solamente trabajando en el arma, sin comer y sin dormir. Tras pasar una semana entera cayó al suelo con la katana delante de él. La empuñadura, o “tsuka”, estaba hecha de madera de roble, recubierta de piel de tiburón antes de colocar las tiras de cuero negro de forma cruzada, para la comodidad del guerrero que la empuñase. La vaina, o “saya”, brillaba con luz propia, un hermoso trabajo hecho de madera negra que había sido cuidadosamente tratada para que el paso de los años le afectase mínimamente, y cuando se retiraba aquella pieza, se podía ver una hoja inigualable, negra de una oscuridad sin limites, su filo brillaba peligrosamente, de una forma fantasmagórica, como si tuviese vida propia.

    No era sólo una simple katana, tenía secretos escondidos, que sólo podía conocer su portador, del mismo metal que se forjó la hoja. Dos shurikens que brillaban como estrellas oscuras esperando pegadas al guardamanos su momento de atacar; cuchillos hermanos, preparados para volar hasta su presa y derramar su sangre colocados en los laterales de la “saya”, para poder ser sacados sin desenvainar la espada.

    En la punta de la vaina ocultaba un cuchillo, con el peso modificado para que puede ser lanzado con facilidad, además se podía acoplar a esta para formar una lanza. Y por ultimo, si llegaba el caso, también oculta en la punta de la vaina, un puño de hierro que haría que los golpes resultasen más dolorosos de lo que se puede describir.

    - Aún no... aún no es suficientemente poderosa. Daría lo que fuese, daría mi vida por poder crearla.
    - Ya la has dado

    Una figura rodeada de luces de distintos colores apareció de repente. Podía distinguirse cada vez mejor, las luces brillaban cada vez más y se oía una música celestial de fondo, como si hubiese un coro de ángeles cantando. Mostró su rostro, unos ojos verdes resaltaban una cara blanca con una con unos labios finos y una suave sonrisa.

    - Soy el dios de los sacrificios, cumpliré tú deseo si mi poder es suficiente.
    - No lo será – Interrumpió una voz nueva.

    La respuesta vino desde la otra punta de la habitación, las luces que alumbraban la habitación dejaron de hacerlo, desde las más profundas de las sombras salió una figura oculta en una manta bastante rota y descuidada que sólo dejaba ver una cara de mujer.

    - Rashka, diosa de la oscuridad ¿qué haces aquí? –dijo la primera diosa.
    - Este hombre está muriendo por un propósito oscuro, tengo tanto derecho como tú a estar aquí.

    El hombre ya agónico únicamente dijo una cosa. Rogó a los dioses que le ayudasen. Estos se miraron y asintieron. Cogieron la espada y la pusieron al rojo vivo sin quemar la empuñadura y comenzaron a cederle su poder. Pero ocurrió algo que se escapó de los planes de estos. El maestro, en su último aliento, dio un golpe más a la espada. Esta se dividió en dos iguales, una en cada mano de cada dios por lo que cogieron cada uno ciertas habilidades que le distinguían de la otra. El maestro murió y los dioses se miraron. No estaban dispuestos a dar las dos espadas a un solo hombre y además estas tenían demasiado poder como para destruirlas, y sobre todo ¿cuál debería ser destruida? Los dioses dieron las katanas a dos familias distintas. Estas cooperaron para llevar a cabo la venganza del maestro. Desde entonces los ninjatos han pasado de generación en generación... hasta el día de hoy.
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    Dreaming_Zell
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Dreaming_Zell el Vie Mar 27, 2009 2:22 am

    Grande el prologo, parece una de esas leyendas japonesas que a mi tanto me gustan, espero poder seguir leyendo. Por cierto, me gusta tu manera de ejercer la narrativa ^^
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Hisana el Vie Mar 27, 2009 6:41 pm

    Interesante introducción!
    Dos poderosas espadas "coexistiendo" en el pequeño país de Japón... menudo peligro xD
    Esto huele a sangre! >¬<
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Sensei el Vie Mar 27, 2009 9:12 pm

    Lo malo de los prólogos es que son como la cerveza buena. No quita la sed y en su lugar surge un anhelo de más y más. De modo que estaré esperando con ganas a que continúes, hace mucho tiempo que no leo una de tus formidables descripciones de combate y mis ojos anhelan ser satisfechos.
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  deamar el Vie Mar 27, 2009 10:08 pm

    Me gusta, pero se me hizo cortito: eso son las ganas de más. Voy a esperar impaciente el primer capítulo.


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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Chorni el Lun Mar 30, 2009 3:10 am

    Llevo escritas 49 páginas así que tengo para rato. Pero antes de colgarlo prefiero retocar algunas cosillas para que quede bonito.

    ---------------------------------------------------------

    Capítulo 1

    Japón, en la actualidad. Era de noche y una figura caminaba con cierta tranquilidad. Su pelo castaño llegaba hasta su cuello, y no tenía un sólo pelo en la cara. Iba vestido con botas de cross, unos vaqueros algo rotos, una camisa negra y una larga chupa de cuero marrón con lana en el cuello, estilo piloto. Cuando caminaba la gente podía ver que tenía una katana corta, más parecía un ninjato, colgando de su espalda, sin temor alguno a que pudiese ser visto. Un cable salía del bolsillo derecho de su chupa y se dividía en dos para convertirse en unos cascos que se introducían en los oídos del chico. Se introdujo en una calle oscura, las farolas estaban apagadas. De la nada se oyó un sonido parecido al que hace el cristal frotándose con algo puntiagudo. El chico se giró y cogió un cuchillo lanzador.

    - Sabes que no puedes usar estas armas contra el poseedor de su gemela sin que este se de cuenta. Ahora me la quedaré.
    - Volver – Al decir eso una voz perdida en la oscuridad el cuchillo desapareció de la mano del chico - Tienes mucho valor para presentarte aquí, es nuestro territorio. Por tú ninjato veo que el clan Miade ha vuelto a Japón. ¿qué hacéis aquí?
    - ¿A ti que demonios te importa Katsura? Al menos podrías tener el valor de dar la cara y decir tú nombre. –Tras decir eso sacó un zippo y se encendió un cigarrillo. Alumbró un poco por el lugar por el que había oído la voz pero algo apagó la llama.
    - Preferiría mantener todo eso en secreto de momento...

    Una chica caminaba por allí sola, parecía con prisa. Miade sonrió, dio una calada y tiró el cigarrillo al suelo. Corrió hacia ella con una sonrisa sádica en la cara y empuñó su katana, cuando estaba a punto de llegar a la altura de ella lanzó una estocada de arriba abajo, en los ojos de la chica se podía leer un claro terror, cerró los ojos esperando su muerte cuando oyó un sonido de dos aceros chocando.

    El Katsura había salido de las sombras y había bloqueado el golpe, este vestía totalmente de negro con la cara y la cabeza tapada, como un antiguo ninja. El atacante agarró el trozo de tela que cubría la cara del defensor y este se defendió dando un golpe con la palma de su mano al pecho de Miade, quien se retiró unos pasos con el trozo de tela en la mano, ahora le podía ver la cara.

    - Vaya, vaya, vaya, si tienes tú corazoncito y todo. – Dijo de forma burlona mientras la chica huía.- Mi nombre es Peng Miade, no lo olvides.
    - Podrías haberla matado, ¿acaso no piensas en las consecuencias de tus actos? – Se notaba la furia latente en su voz.- No tienes honor, no mereces saber mi nombre.
    - Vale tío, como quieras. Pero deja de llamarme Miade, usa Peng... mola mucho más.

    Tras decirlo envainó su arma, metió la mano derecha en el bolsillo de su chupa, se dio la vuelta y saludó con la otra de espaldas.

    - Nos vemos capullo.

    El Katsura no habló, simplemente se ocutó entre las sombras.

    Llegó el día siguiente, Peng se había despertado en el suelo del piso que tenía alquilada. Sus condiciones de vida no eran muy buenas, ese mismo día haría algo para cambiarlo. Se vistió y se colocó su katana en la espalda, no pensaba separarse de ella por nada del mundo. Bajó a desayunar al bar y se estuvo fijando en la caja, a la media hora lo que tenía que ocurrir ocurrió. Entró una pareja, ambos con chupas de cuero y malas pintas y hablaron con el jefe del local. A los pocos segundos este abrió la caja y les dio una buena cantidad de dinero. Peng pagó la cuenta y comenzó a seguir al grupo, entraron en un callejón y los vio reunidos con otras nueve personas con sus respectivas motos. Se acercó tranquilamente. Los moteros le miraron y se pusieron a la defensiva, sus manos buscaban ya cadenas, cuchillos y algunas pistolas. Peng les miró y puso en su mp3 un rap.

    - ¿Quién de vosotros es el jefe?
    - Yo – Dijo dando un paso adelante uno de ellos.

    Antes de que nadie pudiese reaccionar Peng cogió su katana y le segó la cabeza. Sonrió al ver la cara de sus compañeros. Sacó un cigarrillo y se lo puso en los labios, tras eso lo encendió y les echó una rápida mirada.

    - Ahora lo soy yo, no os preocupéis ganareis más dinero conmigo que con ese imbécil.
    - ¡Serás hijo de puta! – Gritó uno en su desesperación – Has matada a nuestro amigo.
    - Calla y escucha – Le ordenó otro - ¿Has dicho más dinero?
    - Así es –Asintió Peng- tengo poder suficiente como para acabar con clanes Yakuza. Nos costará al principio pero a partir del segundo la cosa irá como la seda.

    Los moteros se miraron entre sí y un par de ellos se marcharon del lugar bastante enfadados, algunos le miraron mal pero se quedaron, al resto pareció gustarles la idea. Peng asintió y montó en la del cadáver. Salieron de allí con él en cabeza, tenía que contarles el plan para empezar a causar miedo a todo aquel que oyese su nombre.

    Kondou Katsura, el misterioso ninja que detuvo el ataque de Peng la noche anterior se había levantado en su casa palaciega en las afueras de Tokio. Se vistió con unos pantalones negros con línea ejecutiva, una camisa blanca por fuera del pantalón, una corbata sin apretar del todo. Salió al salón donde el desayuno le estaba esperando. Comió solo, su padre tenía muchos negocios que atender y su madre seguramente estaría ordenando a los criados cómo tenían que hacer esto o aquello. Al terminar cogió un tres cuartos azul marino y su katana y salió al patio. Una limusina le estaba esperando para llevarlo a la facultad de económicas.

    El resto del día fue tedioso, tras la facultad al dojo. Horas de entrenamiento con su maestro privado que le enseñaba a explotar al máximo las habilidades de su ninjato. Pero ese entrenamiento se canceló, su padre le había enviado un mensaje. Tenía que ir a la discoteca de los Matsumoto, algo estaba ocurriendo. Saludó al maestro se vistió con su traje negro de ninja y fue para allá en una Kawasaki de 500 c.c. negra que le estaba esperando en la puerta.

    El tiempo que Kondou había usado en su aprendizaje, Peng lo había usado para planear como entrar en esa discoteca. Sus hombres se habían librado de los guardias de la puerta y ahora la controlaban ellos, lo mismo ocurría con la puerta trasera. Las dos puertas fueron bloqueadas, nadie entraría ni saldría sin la debida contraseña. Peng fue el único que entró en el lugar. La música era ruidosa y estresante, muy mala para pelear y perfecta para producirle una jaqueca.

    Despacio y a empujones llegó hasta la cabina del DJ. Abrió la puerta y cuando este fue a decirle algo lo cogió de un hombro para forzarle a darse la vuelta y le partió el cuello sin mediar palabra. Puso una memoria externa al portátil del ordenador del DJ y buscó un archivo de música en particular. Antes de ponerlo paró lo que estaba sonando. Todo el mundo miró hacia esa cabina. Peng cogió el micrófono y dijo.

    - Jefe Matsumoto, Soy Peng del clan Miade. Tu clan ayudó a los Katsura a echarnos de Japón, es la hora de que paguéis por vuestros pecados.

    Se oyeron risas en toda la discoteca pero todas quedaron apagadas cuando Peng tocó el play y comenzó a oírse la canción de “Metallica”, “Battery”. Al principio se quedó totalmente inmóvil, sólo escuchando los acordes de la guitarra. El jefe Matsumoto hizo un gesto y dos de sus sicarios se acercaron hacia la cabina del Dj. Cuando llegaron y sacaron sus uzis para apuntarle ya era demasiado tarde, los suaves acordes habían dado paso a una música mucho más veloz y potente.

    Peng abrió los ojos empuñando su ninjato y saltó delante de los sicarios cortándoles las manos que empuñaban las uzis. Tras eso les rajó el estómago de un solo corte a los dos y corrió hacia el jefe Matsumoto. La gente con la que se cruzaba trataba de detenerlo, pero sólo obtenía la muerte tras tal osadía. La katana de Peng cruzaba el aire golpeando a todos aquellos que se le acercaban haciendo saltar a su paso miembros, cabezas y vísceras hacia todos los lados. Varios hombres sacaron sus armas de fuego contra él así que Peng tuvo que cambiar la dirección haciendo que sus enemigos disparasen a la multitud en vez de darle a él.

    Los disparos cesaron al ver que no conseguían verlo entre toda la gente. La música sonaba cada vez más y más rápido y eso hacía que Peng se moviese a su ritmo. En un suspiro ya se había acercado a los hombres armados acabando con ellos. Matsumoto ya estaba aterrado así que mandó a su guardaespaldas personal contra el intruso.

    Este sacó una katana y se enfrentó a él. Peng se movía como si de un demonio se tratase. Por cada golpe de batería lanzaba un golpe. El guardaespaldas demostró que era un maestro de la espada, bloqueaba los golpes de su rival y conseguía lanzar varios golpes, pero no podía aguantar con el ritmo de la música y acabó atravesado por el pecho por la katana de Peng.

    Varios hombres salieron armados con ametralladoras así que usó el cuerpo de su rival muerto contra ellos. Les lanzó el cuerpo derribándolos y los mató en el suelo. Miró a Matsumoto, nada les separaba así que se lanzó contra él. Saltó para esquivar la mesa pero algo salió de debajo de ella rompiéndola. Escuchó un sonido de cristales frotando, bloqueó la katana que se acercaba a él. Ese sonido era inconfundible, la gemela de su katana le acababa de atacar. Unos surikens se clavaron en el ordenador portátil cortando la música.

    - La Katana te da la habilidad de luchar al ritmo de la música como a mí la habilidad de esconderme en las sombras, ahora he anulado tú poder. Márchate de aquí.
    - Kondou Katsura –Gritó feliz el jefe Matsumoto al verle.
    - ¡Imbécil! Acabas de gritar mi nom...

    El grito de Kondou se cortó ante el disparo de un revolver. Las pocas miradas que quedaban se dirigieron a Peng, este empuñaba el arma que había clavado una bala entre ceja y ceja al jefe de los Matsumoto. La mirada de Katsura se centró en Miade, este simplemente sonrió y se dio la vuelta caminando para recoger su pen del ordenador para luego salir por la puerta principal, se podían oír algunas sirenas de policía de fondo.

    - Nos vamos.

    Todos se movieron a la orden dando indicaciones al resto para que les siguiesen, subieron a sus motos y se fueron de aquel lugar. Kondou miró al jefe Matsumoto muerto en el suelo, negó con la cabeza y observó a todos los muertos que Peng había dejado ahí. Tras unos segundos se oculto en las sombras y salió del lugar por una ventana, montó en su Kawasaki para ir a un lugar que estaba lejos de su casa. Aparcó en un callejón de una calle oscura y con agilidad se coló en una casa por la ventana.

    Dentro había una chica joven, de cabello oscuro y la piel suavemente bronceada. Dormía placidamente y parecía irradiar paz y ternura. Kondou se acercó a ella suavemente y posó un beso suave en los labios. Ella se despertó al sentir el beso y notó como un dedo se posaba en sus labios un segundo.

    - Has venido Kondou.
    - Claro que sí, siempre lo hago. ¿Para eso dejaste la ventana abierta no?
    - Claro. – Sonrió sentándose en la cama a la vez que lo hacía el chico – Aunque todas las noches tengo miedo por ti... de que algún día te ocurra algo y...
    - Chsssst – Le posó de nuevo el dedo en los labios – No me pasará nada, estate tranquila por eso.

    La chica negó con la cabeza, le cogió del cuello y unió sus labios con los de él. Ambos se abrazaron pero Kondou notó que algo no iba bien, notó humedad en su rostro y se separó para mirarla. Estaba llorando.

    - ¿Qué ocurre Azumi?
    - Lo... lo siento Kondou... no puedo... no puedo seguir así. He estado hablando con mis padres
    - ¿Así que es de nuevo la misma historia no? Nunca le he caído bien a la familia Noade. ¡No deberías escucharlos maldita sea! –Se había levantado de la cama para mirarla a los ojos.
    - No es solo eso, es que... tengo miedo. Miedo de que te pase algo y no poder soportarlo. Por favor, no hagas esto más difícil, permite que esto acabe así.

    Kondou no pudo soportarlo más y salió de la casa sus ojos le picaban sentía como si una mano apretase su corazón y tratase de llevárselo al mismo infierno. Tragó saliva, no iba a llorar, no quería llorar. Montó en su moto para volver a casa.
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Hisana el Lun Mar 30, 2009 5:26 pm

    Woooooooh!!!
    La última vez que leí una lucha así fue en tu fic "La esfera" (creo que se llamaba así... memoria pez xD) con el opening de Evangelion de fondo! >¬<
    Tus descripciones de combate siguen siendo igual de geniales! >///<

    Ánimo y sigue pronto!!! >¬<
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Dreaming_Zell el Lun Mar 30, 2009 7:20 pm

    Genial este capitulo, sobretodo la parte de la pelea si la lees con la cancion de Metallica de fondo. Realmente brutal, lo puedes imaginar como si estuvieras mirando una pelicula. Esta muy bien estructurado, siguelo porque esta genial ^^
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    Chorni
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Chorni el Jue Abr 09, 2009 1:24 am

    Capítulo 2

    Volaba por la ciudad sin ningún tipo de miedo, esquivaba los coches dando eses acelerando todo lo que podía en cada momento. A los pocos minutos llegó a su casa. Los guardias le abrieron las puertas, aparcó la moto en el garaje y dejó el casco encima de esta. Subió a su cuarto para ducharse y cambiarse de ropa, en la ducha no pudo evitar llorar ante lo ocurrido. Cuando salió de la ducha estaba mucho más tranquilo. Ordenó a uno de sus hombres que informasen a su padre de que quería verle, pensar en los negocios quizás le hiciese olvidarse un momento de Azumi. A los pocos segundos Kondou ya entraba en el despacho de su padre.

    - ¿Qué ha ocurrido en la discoteca Kondou?
    - Ese chico del que te hablé, el poseedor de la espada...
    - Sí, ese Miade.... ¿Peng se llamaba no?
    - Así es –Dijo asintiendo, sentía un dolor en la garganta, tenía que acabar lo antes posible para poder irse a su cuarto.- Estuvo allí y acabó, entre otros, con el jefe del clan Matsumoto.
    - Ya veo... – El padre de Kondou se quedó pensativo.- Puede sernos útil. Cuando le veas dile que Katsura Kirei le invita a cenar en su casa.
    - Pero... – En otro momento hubiese discutido esa orden pero en esos momentos no podía hacerlo. – Está bien...lo haré
    - Dime Kondou, ¿qué te ha ocurrido después de eso? Estás raro.
    - Noade Azumi... lo hemos dejado –Dijo sintiendo como le escocían los ojos.
    - Entiendo, es lo mejor que te podría haber pasado.
    - ¿Qué? –Dijo sin dar mucho crédito a lo que acaba de oír.
    - Así no tendrás más preocupaciones que te distraigan de los negocios.
    - No tienes ni idea... –Dijo mirándole furioso.
    - De todas formas ya está hecho, retírate.

    Kondou salió enfadado del despacho de su padre, estuvo muy cerca de dar un portazo pero se contuvo al ver a la gente de su padre, así que respiró hondo y cerró con cuidado.

    Pasó la noche, una noche en la que Kondou no pudo pegar ojo. Tampoco lloró, no iba a hacerlo ya que llorar era de débiles. La noche se hizo interminable pero en algún momento se durmió.

    Por la mañana temprano su sirvienta personal le despertó. Ya tenía el desayuno preparado cuando salió de la ducha. El día fue monótono y triste, ese día llovía con fuerza. En clase, Azumi se sentó en el lugar más alejado posible de él. No podía concentrarse y se sorprendía a sí mismo en ocasiones mirándola o a ella mirándole. Tras el descanso para la comida no volvió a clase, para no hacer nada prefirió practicar en el dojo. Pero ahí tampoco estaba centrado, su maestro bloqueaba fácilmente sus golpes, ya que tenían mucha ira, poca cabeza y nada de espíritu. A la quinta vez que Kondou acabó en el suelo con la espada de madera, boken, de su sensei en su pecho, este le dijo:

    - Quien no está concentrado en la batalla es el primero en morir Katsura-san.
    - Lo siento Kenji- Sensei... Creo que deberíamos dejarlo por hoy.
    - Estoy de acuerdo, vuelve cuando estés dispuesto a aprender.

    Kondou salió del dojo y cogió su moto. Se dirigió a la casa de Azumi y permaneció mirándo la ventana bajo la lluvia, oculto en las sombras. Por primera vez su ventana estaba cerrada.

    Mientras Peng caminó hasta un oscuro callejón, uno de sus compañeros le había llamado por teléfono diciéndole que fuese allí. Al llegar, se encontró con uno de sus moteros con la garganta rajada.

    - ¿Qué ha ocurrido?
    - Sólo sé que lo hemos encontrado así.
    - ¿Alguien ha llamado a la policía?
    - Aún no...
    - De acuerdo, llamadlos y sobornad a uno de los que vengan para que nos mantengan informados.

    Horas después Kondou llegó a su casa, su padre estaba esperándole en la puerta, se miraron a los ojos. Este tragó saliva y continuó andando para pasar por su lado.

    - No vuelvas a hacerlo...

    Kondou no respondió, simplemente continuó andando para ir a su cuarto. El día siguiente despertó más tranquilo, estaba nublado pero no llovía. Volvió a la facultad, todo seguía distinto. Azumi se sentaba en lo más alejado de él que podía de nuevo. Seguía recordando la noche anterior, no sabía cuantas horas estuvo bajo la lluvia mirando su ventana, esperando a que se abriese... esperando en vano.

    Un zumbido en el bolsillo de su chaqueta le sacó de su ensimismamiento. Sacó sigilosamente el móvil para evitar ser visto por el profesor, miró la pantalla de su teléfono de último modelo y comprobó que, efectivamente, había recibido un mensaje. Levantó la cabeza para mantener controlado al profesor de economía mundial y lo leyó, era de su sensei: “Tú padre me ha ordenado que te diga que al acabar las clases te dirijas al kilómetro 33 de la autovía del oeste. Cuando acabes tú trabajo allí entrenaremos por la noche”. Kondou guardó el móvil, miró a Azumi y volvió a tratar de tomar apuntes.

    Al acabar la clase tomó un rápido bocadillo y salió al patio, donde ya estaba esperándole uno de los hombres de su padre con su moto y su casco.

    - Gracias Kenshin – dijo al que le entregó el casco - ¿Habéis empezado la búsqueda?
    - Así es señor, todo va según el plan pero aún no hemos dado con él.
    - Seguid trabajando, mi padre tiene mucho interés en Miade Peng.

    Se puso el casco de color negro mate, haciendo juego con su potente Kawasaki de 500 C.C. y la arrancó. Puso primera , tras una rápida mirada a la puerta de su facultad, aceleró alejándose del lugar. En veinte minutos llegó al punto de reunión, donde estaba esperándole un 4x4 negro, un hombre vestido de camuflaje con una pistola en el camal derecho del pantalón y un cuchillo en el izquierdo bajó con calma del coche al ver parar la moto. Tras un saludo militar dijo con un tono monótono y carente de emoción.

    - Haneda Kensui, teniente del comando Alpha. Por favor sígame.

    Kondou levantó la visera cuando Haneda empezó a hablar, asintió a la petición del soldado y la bajó de nuevo. El soldado subió al coche y salió de la autovía guiándole por una carretera comarcal que se internaba en el bosque, cuando llegaron a un albergue el 4x4 se paró y su conductor le indicó que ya no podría continuar con la moto. Este se bajó de la Kawasaki, puso el candado en esta y subió al asiento del copiloto del coche dejando su casco en el de atrás. A los 10 minutos llegaron al campamento. Estaba bien oculto a los ojos de los curiosos y, en el caso de que algún organismo oficial se enterase, Katsura Kirei tenía el poder suficiente como para acallarlos. Un soldado abrió las puertas de la verja dejando pasar al coche.

    Al llegar a un hangar el todo terreno paró y Kondou descendió de él. El teniente le guió hasta el comandante. Este estaba dirigiendo un ejercicio. El joven Katsura quedó sorprendido con la perfección y la armonía de los movimientos del comando que en ese momento estaban simulando un ataque a un edificio. En sólo 3 minutos habían conseguido limpiar todo el lugar y sin tener ni una sola baja. El comandante sonrió y ordenó el alto el fuego antes de girarse a hablar con Kondou.

    - Señor Katsura –dijo saludando al estilo militar- soy Tetsuo Takawada, comandante del comando Alpha. Su padre me informó que vendría a ver nuestros progresos, esperamos no defraudarle.
    - La verdad es que he quedado muy impresionado con su demostración, ha sido digna de...

    Su frase fue cortada por el sonido de un disparo cuyo eco rebotó en los árboles.

    - ¡He dicho alto el fuego! – Rugió el comandante
    - ¡Señor, Sagara ha muerto! – se oyó decir desde donde se realizó el ejercicio.
    - ¿Qué demonios...?

    La frase del comandante se cortó por el sonido de otro disparo, el teniente Haneda que estaba justo detrás de su superior al mando se desplomó con un disparo en la cabeza.

    Dentro del bosque, subido a un árbol y cubierto por una manta de color verde, un hombre occidental totalmente vestido de negro y con un alza cuellos tenía una mágnum sniper en la mano y apuntaba hacia el campamento. Tras besar la cruz que le colgaba del cuello dijo.

    - Gracias señor por este certero disparo, ahora ayudame a...

    Se calló al ver al comandante Takawada y a su acompañante darse la vuelta, en seguida lo reconoció.

    - Dios está de mi lado, por ello me ha traído al hijo de la más hereje de las familias que dirigen Japón.

    Mientras apuntaba a la cabeza de Kondou teniendo en cuenta la frenética carrera que, como todos, emprendía en ese momento comenzó un rezo en latín. Terminó el rezó, lo tenía todo listo, tocó el gatillo y de repente su objetivo desapareció. El hombre volvió a mirar, ahora ahí solo había una zona de sombra. El párroco aún no salía de su asombro cuando escuchó como algunos soldados disparaban en su dirección.

    - Es hora de partir

    Bajó del árbol y se perdió en el bosque aprovechando el caos que había creado aún no estaba controlado.

    Dentro del campamento el comandante salió del bunker donde se había refugiado y puso orden, por suerte eran un equipo de elite y obedecían a la perfección, la pregunta que a todos les corría por la mente era la misma, al final uno de los hombres la formuló.

    - ¿Dónde está el Señor Katsura?
    - Aquí –Dijo dejándose ver a su espalda

    El soldado se sorprendió, como todos, pero no pudo contenerse cuando escuchó esa voz, la adrenalina había hecho que se despertase su instinto de defensa y tras coger su cuchillo lanzó un ataque contra el dueño de aquella voz. Kondou se apartó, cogió la muñeca del soldado y con un suave movimiento lo derribó, forzándole a soltar el cuchillo, nada más caer este ya tenía la katana del joven en su cuello. El comandante rugió una gran cantidad de blasfemias e improperios dirigidos al soldado ordenándole que se largara de allí antes de que lo expulsara o lo hiciese fusilar.

    - Siento mucho todo esto señor... – Dijo Takawada a Kondou
    - Mejore la seguridad de este lugar – contestó cortante – enseñe a sus hombres a tener la sangre mucho más fría y mande a alguien a que me lleve hasta mi moto. Por lo demás le daré un buen informe a mi padre.

    El oficial asintió y veinte minutos más tarde ya volaba con su Kawasaki. Fue directo hacia el dojo, ya eran las 18:35 así que llegaba 35 minutos más tarde de lo que él tenía pensado llegar. A las 19:00 llegó a su destino donde su sensei, Kenji, le estaba esperando. Kondou se duchó, se cambió y la asistenta trajo comida para ambos, ya que el dojo se encontraba dentro de la residencia de los Katsura. Después de cenar el entrenamiento empezó. Ese día estaba siendo extremadamente largo y duro. Llevaban 3 horas parando solamente 5 minutos cada media hora. Kondou quería ir a ver a Azumi y eso es lo que más le preocupó durante la última media hora del entrenamiento. Al caer por cuarta vez consecutiva decidió terminar.

    - Fin del entrenamiento sensei – dijo tras una reverencia.
    - Eso soy yo quien ha de decidirlo joven Katsura.
    - No sensei, es inútil que sigamos. Mi mente está distraída y mi cuerpo fatigado. Además tengo cosas que hacer.
    - Kondou, ¿si te digo que me deshonrarías te irías?
    - Os lo ruego, no me obliguéis a ello.

    Entendiendo el silencio de su sensei como que había entendido que no pensaba ceder se marchó. Tras ducharse y cambiarse de nuevo se dirigió hacia el garaje cuando se cruzó con su padre.
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Chorni el Jue Abr 09, 2009 1:25 am

    Capítulo 2 (continuación)


    - ¿Dónde vas Kondou? – Vestía con un kimono tradicional con una katana en su lado izquierdo.

    Este no contestó, sólo trató de seguir caminando, pero su padre se interpuso de nuevo.

    - Mis hombres se encargarán de ese problema tuyo, no te preocupes – dijo Kirei

    Los ojos de su hijo se abrieron de par en par, tragó saliva y tomó una decisión. Saltó hacia atrás y desenvainó su katana.

    - Dejarás a Azumi en paz o dejarás de ser el jefe de esta familia, padre.
    - Debería hacerte colgar por esto, pero entiendo que estés embobado por esa cría. Todos hemos tenido nuestros líos y...
    - ¡Cállate! – Gritó enfurecido – Dame tú palabra de honor de que la dejarás en paz.

    Su padre le miró, su cara perdió la cínica sonrisa que había mantenido durante toda la conversación y dijo con voz calmada y suave.

    - No.
    - Entonces muere- Sentenció

    Kondou saltó con su ninjato por encima de su cabeza para lanzar un ataque vertical, Kirei desenvainó su katana y bloqueó el ataque. Su hijo mantuvo la presión, parecía bastante sorprendido.

    - ¿Cómo ha podido aguantar ese golpe? –Se fijó mejor- ¡Si ni siquiera se ha mellado!
    - Es la mejor katana hecha por el maestro espadero Ujio, no te será tan fácil romperla.

    El joven Katsura analizó la hoja con la mirada, era realmente excelente, parecía que tuviese un espíritu propio... un espíritu noble y poderoso con una voluntad inquebrantable. Su padre elevó su arma para quitarse a su rival de encima y lanzó un corte horizontal a la altura del estomago que fue esquivado con un pequeño salto hacia atrás. Tras aterrizar colocó uno de sus pies ligeramente más adelantado que el otro, la punta de los dedos de su pie izquierdo podían unirse con el talón de su pie derecho si se trazase una línea horizontal. Sus manos se elevaron por encima de su cabeza quedando en una postura del fuego perfecta.

    Su padre imitó la posición de sus pies pero bajó las manos, dejando la punta de su espada mirando al suelo, la más desafiante pose frente al fuego... la pose del agua. Ambos se miraron a los ojos, en sus miradas podía verse como estaban en plena batalla, no sólo se intimidaban el uno al otro sino que en sus mentes ya cruzaban sus aceros y analizaban los resultados. Kondou movió su pie derecho en dirección a su padre. La replica de este no se hizo de esperar e hizo lo mismo. Su brillante katana formó un arco de abajo arriba mientras que el negro ninjato formaba un arco de arriba abajo, como si de su sombra se tratase.

    Los dos habían barajado ya esa posibilidad, ninguno de los dos quería morir, ahora tocaba ver quien sería el primero en cambiar su ataque por defensa y si tendría tiempo de hacerlo. Fue Kirei quien cortó su ataque en seco, en los ojos de su rival brilló la luz de la victoria, sin embargo el joven Katsura no se esperaba que su padre no fuese a defenderse. Antes de que el ninjato llegase a su objetivo Kondou recibió un patada en el estomago que lo lanzó hacía atrás provocando que su mortal golpe se transformase en un pequeño corte en el rostro de su padre.

    El chico se levantó con la mano en el lugar donde había recibido el golpe para luego apoyar su otra mano en la pared mientras recuperaba el aire, sonriendo al ver que su padre corría hacia él con su espada a su lado. Kondou se quedó parado y cuando vio que su rival iba a lanzar su estocada tocó el interruptor que había ocultado con la mano en la que estaba apoyándose, Kirei paró en seco y mientras trataba de retroceder recibió un fuerte golpe en la cara que le hizo escupir sangre, sin embargo tuvo la habilidad necesaria para saltar hacia atrás y escuchar como el filo de una espada cortaba el aire.

    - Muy hábil – dijo su padre apoyado cerca de una ventana donde algo de la luz del patio le cubría ligeramente – dijiste la palabra “volver” mientras te levantabas para poner el hierro de los nudillos en tú mano suponiendo que no te daría tiempo a lanzar tú ataque con el ninjato sin que me alejase hasta aquí.
    - Así es – dijo desde las sombras – pero me ha sorprendido que no cayeras tras el golpe. De todas formas ahora lo harás.

    Kirei vio por el rabillo del ojo unas sombras moviéndose a alta velocidad y como acto reflejo se agachó para que los surikens pasasen por encima de él.

    - Yo también fui el poseedor de esa espada

    Por puro instinto rodó a un lado y lo hizo a tiempo ya que escuchó como algo se clavaba en la pared justo detrás de donde él se encontraba y lanzó una estocada al lugar de donde aún no había recibido ningún ataque. Escuchó el sonido de la tela rompiéndose y sonrió. Pero la alegría duró muy poco ya que notó como dos cuchillos entraban en la carne de sus hombros. Gritó de dolor pero aún sacó fuerzas de flaqueza para girarse y lanzar un golpe horizontal, al hacerlo escuchó como su rival emitía un quejido de dolor.

    Un instante después se oyó un sonido metálico y notó como su arma era arrancada de su mano para justo después recibir otro puñetazo reforzado en la cara que lo tumbó. Cayó como un sacó al suelo pero antes su espalda chocó contra la pared golpeando el interruptor de la luz. Los ojos de Kirei brillaron ante la oportunidad y desde el suelo lanzó un cuchillo que ocultaba entre sus ropas al pie de Kondou, pero Kondou saltó al lugar cercano a la ventana, su padre aprovechó el momento para tirarse a por su katana y, sin levantar la cabeza para no perder tiempo, trató de cortarle las piernas, pero su corte golpeó a la nada.

    Kirei alzó la vista y vio que la segunda arma arrojadiza que le había esquivado no era, como pensó en ese momento, solo el cuchillo lanzador sino que este se había acoplado en la punta de la vaina, creando así una lanza en la cual estaba subido su hijo. Este posó su ninjato en el cuello de su padre mientras con su mano trataba de cortar la hemorragia que salía del corte que le cruzaba el pecho.

    - No mereces que te mate, vivirás sabiendo que soy superior a ti- dijo Kondou

    Entonces el móvil de su padre sonó indicando que había recibido un mensaje. Kirei comenzó a reírse y sacó el teléfono dándoselo a su hijo. Este leyó en mensaje. En éste Kenshin informaba a su padre que Azumi y su familia habían muerto.

    - ¡Muere! – Gritó Kondou levantando su arma
    - ¡Matame! Pero las cosas son así imbécil. No piensas, no eres más que un matón, si en lugar de perder el tiempo conmigo hubieras ido a por ella aún estaría viva. –Se levantó costosamente- Puedo ayudarte y puedo enseñarte, eres un buen hijo y serás un buen líder, únicamente tienes que aprender a que no todo es usar un arma.
    - Lo se... ahora lo entiendo, no puedo combatir contra todo, no soy suficientemente fuerte.
    - Aún no, pero lo serás – Dijo su padre con mayor tono de mando- Ahora dame tú arma y vayamos a que nos curen.

    Kondou asintió y obedeció, en parte estaba en estado de shock y en parte su voluntad se tambaleaba. Irónicamente por su mente pasó un extraño sentimiento, sintió celos de Peng por su libertad y se preguntó como el Miade podría sentir envidia de él. El mundo está lleno de incongruencias, fue lo último que pensó antes de ayudar a su padre a ir a su enfermería personal.
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Chorni el Jue Abr 09, 2009 1:27 am

    Este segundo capítulo es muy largo por que no sabía por donde cortar. El tercero será mucho, pero que mucho más corto.

    Ya lo tengo separado del resto de la historia y es como la mitad que este XD

    Espero que os guste y que la longitud no os desanime a la hora de leerlo, realmente aprecio y tomo en cuenta vuestros comentarios.
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    Re: Las Katanas gemelas

    Mensaje  Hisana el Dom Abr 12, 2009 8:06 pm

    Maravillosa descripción del combate entre padre e hijo!
    Kirei se preocupa de que su hijo pierda la cabeza pensando en una chica, pero no le importa cortarle las piernas xD
    Y Kondou, todo el capítulo pensando en su chica para que al final se la carguen por su culpa... pobre...

    Ánimo y sigue pronto!!! >¬<

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    Re: Las Katanas gemelas

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